En el cordal de Carraceo y Ranero, en la
parroquia allerana de Boo, que divide los concejos de Aller y Lena, al paso de
la vía romana de la Carisa, se encuentra el monumento funerario de Los Dólmenes
del Padrún constituido por una serie de dólmenes de los que sólo se conservan
dos y se pueden apreciar otros aunque ya muy deteriorados.
El monumento funerario del Padrún pertenece
a la época megalítica -nombre que tiene su origen en las palabras griegas mega
(μεγας), grande y lithos (λιθος), piedra-, desarrollada entre el V y
el III milenio a. de C. aproximadamente. Fue obra de poblaciones que se
dedicaban al pastoreo y a la caza y no contaban con un lugar de vivienda fija,
solía aprovechar refugios naturales como cuevas o bien construían viviendas muy
toscas con materiales perecederos como la madera por lo que no nos han quedado
ningún resto. Estos pueblos ya habían desarrollado un sentimiento religioso,
creían en una vida futura después de la muerte lo que les llevó a construir
estos dólmenes para enterrar a sus muertos.
El dolmen (palabra de origen bretón que tiene el
significado de “mesa grande de piedra) es una estructura de carácter funerarios
formada por una cámara en la que se enterraba el cadáver y sobre ella se hacía
un túmulo, una elevación del terreno constituido por piedras y tierra; a
su vez, este túmulo estaba rodeado por dos piedras hincadas verticalmente en el
suelo y sobre éstas se asentaba, en posición horizontal, una losa llamada
cobertera. En nuestra región no se han conservado restos humanos en ninguno de
estos enterramientos. Según la opinión de los arqueólogos estos se debe a la
naturaleza del suelo: se trata de suelos arcillosos, muy sólidos que destruyen
los restos óseos. Lo que si se han conservado son algunos de los elementos que
formaban parte del ajuar de los muertos: armas (lanzas, cuchillos), joyas…
Además en las piedras se solían grabar escenas de caza, de guerra y armas como
cuchillos lo que parece indicar que las personas enterradas en estos monumentos
funerarios eran grandes jefes y guerreros de estos pueblos.
Los dólmenes, además tenían un valor territorial,
ya que servían para marcar el límite entre pueblos de ahí que se hayan
construido en lugares elevados y desde los que se controlan grandes extensiones
de terreno. Esto es lo que ocurre precisamente con los dólmenes del Padrún, ya
que se hallan en el cordal de Carraceo y Ranero, en la parroquia de Boo, a una
altitud de 1200 metros, desde el que se denomina tanto el concejo
de Aller como el de Lena. En la zona abunda la peña, de hecho al lado hay una
gran peña de la que posiblemente se sacó la piedra para la construcción de
estos dólmenes, además parece que la toponimia corrobora esto, puesto que la
zona se conoce con el nombre de El Padrún que tiene su origen en el latín
petram “piedra”. Además se encuentran al lado de la vía romana de la Carisa que
discurre por los cordales que dividen los concejos de Lena y de Aller y las
provincias de Asturias y León. Lugar de tránsito muy antiguo, ya que hay que
tener en cuenta que los romanos construían sus calzadas por antiguos senderos
trazados por animales y hombres. Otra prueba de que este lugar ya fue poblado
desde tiempos antiguos es la existencia de otra necropolis en el mismo cordal, la
necrópolis tumular de Espines. Desde este lugar se divisa el enclave
funerario de La Cobertoria en el vecino concejo de Lena. Hay que tener en
cuenta que estos pueblos tenían que hacer frente a las amenazas de otros
pueblos enemigos por lo que era muy importante que funcionase la comunicación
para avisar de los posibles peligros de ahí que ocupasen lugares altos desde
los que dominar amplias extensiones de terrenos y que, a la vez, resultaban de
difícil acceso para el enemigo. Esto permite, por lo tanto, ver y no ser visto,
imprescindible para la defensa de aquellos pueblos ante cualquier amenaza sobre
su territorio.
Hoy sólo se conservan dos estructuras y se pueden
apreciar otras más deterioradas como consecuencia del paso del tiempo; pero,
sobre todo, a causa de la acción del hombre: muchos ganaderos, puesto que
no conocían el valor histórico ni cultural de estas construcciones,
aprovecharon la piedra de estos dólmenes para sus construcciones: cabañas,
cuadras e incluso para realizar los cierres de los prados. Los dólmenes nunca
fueron excavados, sólo han sido catalogados, labor que llevó a cabo el
historiador José Manuel González en 1973.
En cuanto a la tradición popular, entre los
vecinos de Boo existe la creencia de que se trata de un cementerio celta,
aunque la presencia de la cultura y pueblos celtas en esta zona es posterior en
el tiempo a esta cultura megalítica. Suele ser habitual que en torno a estos
restos antiguos surjan leyendas sobre la presencia de los moros y de tesoros; a
este respecto existe un dicho entre los mayores de Boo que habla de la
presencia de oro en un paraje cercano conocido como Les Tixeres:
“Nes Tixeres Cimeres
baxo una piedra caliar
hai tres arrobes d’oru
tsabraes y ensin tsabrar.
baxo una piedra caliar
hai tres arrobes d’oru
tsabraes y ensin tsabrar.
IES Valle de Aller
http://blog.educastur.es/iesdealler/