El pasado sábado día 28 de enero, con una climatología nefasta: lluvia, frio y mucho barro, no pudimos realizar la ruta propuesta, que partía y retornaba a San Martín de Oscos, tras visitar el Palacio de Mon y ascender al modesto Pico de Auteiro.
En su lugar, nos dirigimos al pueblo de Revoqueira, a dos quilómetros de San Martín y donde realmente se inicia la Ruta de Mon - PR - AS -114, visitando tanto el Palacio como el Mazo. Es una ruta circular de dificultad media, con una distancia de 12,6 kilómetros y una duración de 4 horas y media.Nosotros realizamos la ruta hasta el Palacio, por un buen camino, muy embarrado ese día, entre árboles recubiertos de liquen, lo que da a entender lo salubre de la zona. El camino es entretenido y supongo que mucho más bonito con buen tiempo, hoy las vistas no pasaban de unos pocos metros a nuestro alrededor, ya que la niebla tapaba el paisaje.
Tras dos kilómetros de andadura, con los paraguas abiertos y luchando por momentos con el aire, llegamos al Palacio de Mon, donde una guía nos estaba esperando para hacer la visita de este monumento.El exterior del palacio no da idea del estado en que se encuentra el interior. Por fuera es un estupendo caserón con dos torres flanqueando la entrada principal, sobre la que se muestran dos estupendos escudos de armas de la familia. En la parte posterior, que es la primera que vemos al llegar, un buen muro con una puerta, sobre la que vemos otro escudo y por encima del tejado de pizarra, como es costumbre en la zona, vemos la coronación de la espadaña de la capilla palaciega.Traspasando la puerta principal, adintelada con pilastras y molduras de orejones, accedemos a un espacio cubierto, con salas a derecha e izquierda, que nos da paso a uno de los dos patios que tiene la mansión.
Aquí es donde ya comprobamos el estado de deterioro del edificio. En este primer patio y adosado al muro principal, un corredor de madera, da paso a una serie de habitaciones que en su día fueron despachos y biblioteca del palacio. Hoy son aprovechados para una pequeña exposición en la que se muestran algunos retratos de los antiguos señores y carteles explicativos de sus vidas y cargos públicos, así como una serie de manuscritos de la época. El resto del patio está arruinado, faltando paredes como se puede ver por los restos que quedan y donde en su día estuvo la zona noble del palacio.En la zona izquierda del patio, se encuentran la cocina con sus hornos y a continuación el horno del pan, con unos huecos en las paredes, donde colocaban los quesos para que secaran, aprovechando el calor del horno. Toda la estructura es grandiosa, en tamaño, de piedra labrada en buena parte de ella, aunque un poco extraña hoy en día.
Pasando al segundo patio, cruzando bajo donde en su día estuvo el salón comedor, lo primero que nos sorprende es
la espadaña de la capilla, bajo la advocación de San Fernando, nombre usual en los primogénitos de la familia. La capilla es una pequeña nave de bóveda de cañón, rematada en testero recto. En el lado del evangelio hay un hueco para un sepulcro, que parece ser nunca se utilizó. A los pies hay una tribuna de madera, desde la que se pueden seguir los cultos en el corredor de habitaciones que hay a continuación.Seguimos por otro corredor de madera cerrado de mampostería con puertas y ventanas, y vamos accediendo a una serie de habitaciones de pareces de ripias de madera recubiertas de argamasa, algunas con ventana exterior y una con lo que parece una chimenea.En el patio y bajo las habitaciones, se encuentran las caballerizas y un pequeño jardín, con un viejo nogal. Un arco de piedra, nos devuelve al primer patio, donde se encontraban las cuadras del ganado, además, como ya hemos dicho, la parte noble del edificio, de la que no quedan más que rastros.
A pesar del lamentable estado de conservación que tiene el Palacio de Mon, parece que aún se están realizando estudios y, quien sabe, igual un día se puede reconstruir alguna parte y darle uso.El regreso lo hicimos por el mismo camino hasta Revoqueira y casi con las mismas inclemencias que a la ida. En el pueblo la lluvia nos dio un respiro.








